
A la casa se accedía por un pasillo largo que filtraba los gritos que provenían desde la calle. Ladrillos vistos y pared blanca, adornaban el frente alternándose el protagonismo de una fachada que no es demasiado sugestiva. Cortada calma con nombre robado, vecinos varios, odios, recelo y bocas mal habladas.
Al principio tomábamos el te en tazas corroídas. Estaban echas de cerámica fina, con unos dibujos en la parte superior que si la memoria no me fallan hacían las veces de flores naranjas o azules. En la madrugada comenzaba el ritual, pues no se puede perder la costumbre, mas aun cuando todo la existencia esta repleta de estas cosas.
Chorrito de leche fría para entibiecer el te dulcísimo y caliente.
Pan sin panera, marca con la boca en el medio de tu cuello, remera blanca, pies descalzos, posiblemente una vez más tu pelo terriblemente dispuesto a despeinarse.
Mi impaciencia y tu curiosidad.
Una medalla milagrosa como talismán místico que salva y protege. Nestum que nutre y despabila. Hierro, acido fólico, antiácidos severamente suministrados, pero el te no podía faltar.
Las menos de las veces lo reemplazábamos por café, pero las tazas eran diferentes; pocillitos, en realidad. Apenas una gota de soda y revolver y revolver para que el polvo se humedezca hasta alcanzar la ansiada consistencia. Una vez finalizado el proceso Agua caliente y azúcar.
Los besos sabían distintos impregnados del aroma y la brutalidad de esta otra sustancia. En cambio el te era mas discreto, mucho mas sutil. Menos problemática su elaboración.
De un momento a otro el desgaste de las tazas ya se choreaban el gusto. Por suerte a tu vieja, la tana, se le ocurrió cambiarlas para que podamos seguir sintiendo de que se trataba todo aquello. Las tazas nuevas eran más grandes y generosas, se dejaban beber con mucha más facilidad y estaban adornadas con una gran diversidad de Colores.
Todo a tono para que los comensales se sientan halagados.
La mayoría se sentía mucho mejor cuando tomaba el Te en las tazas nuevas.
Teníamos prohibido quitarles le etiqueta, tenían que lucir como nuevas, sin rayas, ni muestra de uso. Quedar perfectamente acopladas a la idea que la tana tenia del orden, la belleza, la casa, la vida y la familia.
La tana todo lo amoldaba a su antojo, de lo contrario la puerta estaba abierta y el tacho de basura bien dispuesto a contener todo aquello que se ose de no ser sumido al capricho de la dueña de casa. Era la obsesión por la casita maravillosa, la cínica búsqueda de ambientes de revistas y los miembros respectivos. Podían cambiar las piezas, derramar algunas lágrimas, pero si finalmente se amoldaba, la tana no presentaría mayores complicaciones para adoptarte como miembro permanente.
Es cierto que asiduamente se generaban entredichos aunque por suerte, la mas de las veces, los gritos de la tana, progenitores, descendientes y respectivos aledaños, se mimetizaban con los del cavernícola del fondo que demostraba que no estábamos tan locos. Desde su inefable cúmulo de cemento lanzaba alaridos mientras el perro se desesperaba por morder una extensión de su propia existencia, que aparentemente se resistía a considerarla como tal. Otro mas que no podía ni con el mismo.
Cada cosa en su lugar. Ordenemos engorrosamente, es el postulado sostenido a rajatabla.
Sin embargo tengo la impresión que todo orden es ficticio, por que supone un esfuerzo, un hecho que lo genere. Si todo seria fluir majestuosamente el bodrio nos taparía, pero pretendemos ser mas cautos y ordenamos. Y el orden queda peor, cuando es forzado.
Hay personas que naturalmente estructuran armoniosamente, pero otras, como la tana y yo, no. Tiramos, reiteramos, desaforados intentamos apilar, clasificar, pero es peor. Por que se le nota al orden que en realidad es fascismo, que es una perversa muestra de represión. Toda arquitectura no es represiva, pero si, si se construye como queriendo ser lo que no es. Un palacio en el medio de la villa.
Otra cara de la misma moneda es el estudio de las reglas del orden, como si estas no fueran tambien artificiosas o dictadas por un dudoso esnobismo disfrazado a través de cánones y decálogos. Otra imposición basada en la jactancia de pertenecer a un tipo de práctica solidamente constituida y cimentada en consistentes conocimientos, que en realidad difícilmente lo sean.
La verdad todo esto es asqueroso. Tanta ampulosidad meditada y represiva me causa empacho y nauseas.
Las tasas se enturbian, el te pierde sabor.
Hace algún tiempo, salvo en esporádicas ocasiones, las dos pibas se pusieron con respecto a mí en un pie de igualdad. Es por ello que las charlas que acompañaron los últimos tes cambiaron de interlocutores. Pero ya no era lo mismo, por que no correspondía que yo este en esa casa. Aparte la tana ya casi ni estaba.
Me contaron que las hermanas rigurosamente etiquetadas revolotean y la sociedad y su instinto las trastornan para quedar siempre al borde del ridículo y lo infausto.
Tambien comentan o imagino que a la tana el discurso le sabe un tanto grande y sus gritos ya no asustan debido a que el destierro se torno una verdad inexpugnable para una de las niñas.
La tana sola sigue gritando, etiquetando, prohibiendo a la vida que se desenvuelva como más le place, agobiándola con jirones y entredichos.
Total, la tana tendría que entender, que su carácter se torna aborrecible cuando quiere amortiguar los golpes impúdicos que la vida le propina a las dos pibas.
Total yo tendría que entender que ya no estoy y al te igual lo siguen tomando y los sábados siguen desfilando nerviosos comensales que se sienten halagados.
Pero la tana esta tan sola... Tan sola esta la tana…
" Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo".
Al principio tomábamos el te en tazas corroídas. Estaban echas de cerámica fina, con unos dibujos en la parte superior que si la memoria no me fallan hacían las veces de flores naranjas o azules. En la madrugada comenzaba el ritual, pues no se puede perder la costumbre, mas aun cuando todo la existencia esta repleta de estas cosas.
Chorrito de leche fría para entibiecer el te dulcísimo y caliente.
Pan sin panera, marca con la boca en el medio de tu cuello, remera blanca, pies descalzos, posiblemente una vez más tu pelo terriblemente dispuesto a despeinarse.
Mi impaciencia y tu curiosidad.
Una medalla milagrosa como talismán místico que salva y protege. Nestum que nutre y despabila. Hierro, acido fólico, antiácidos severamente suministrados, pero el te no podía faltar.
Las menos de las veces lo reemplazábamos por café, pero las tazas eran diferentes; pocillitos, en realidad. Apenas una gota de soda y revolver y revolver para que el polvo se humedezca hasta alcanzar la ansiada consistencia. Una vez finalizado el proceso Agua caliente y azúcar.
Los besos sabían distintos impregnados del aroma y la brutalidad de esta otra sustancia. En cambio el te era mas discreto, mucho mas sutil. Menos problemática su elaboración.
De un momento a otro el desgaste de las tazas ya se choreaban el gusto. Por suerte a tu vieja, la tana, se le ocurrió cambiarlas para que podamos seguir sintiendo de que se trataba todo aquello. Las tazas nuevas eran más grandes y generosas, se dejaban beber con mucha más facilidad y estaban adornadas con una gran diversidad de Colores.
Todo a tono para que los comensales se sientan halagados.
La mayoría se sentía mucho mejor cuando tomaba el Te en las tazas nuevas.
Teníamos prohibido quitarles le etiqueta, tenían que lucir como nuevas, sin rayas, ni muestra de uso. Quedar perfectamente acopladas a la idea que la tana tenia del orden, la belleza, la casa, la vida y la familia.
La tana todo lo amoldaba a su antojo, de lo contrario la puerta estaba abierta y el tacho de basura bien dispuesto a contener todo aquello que se ose de no ser sumido al capricho de la dueña de casa. Era la obsesión por la casita maravillosa, la cínica búsqueda de ambientes de revistas y los miembros respectivos. Podían cambiar las piezas, derramar algunas lágrimas, pero si finalmente se amoldaba, la tana no presentaría mayores complicaciones para adoptarte como miembro permanente.
Es cierto que asiduamente se generaban entredichos aunque por suerte, la mas de las veces, los gritos de la tana, progenitores, descendientes y respectivos aledaños, se mimetizaban con los del cavernícola del fondo que demostraba que no estábamos tan locos. Desde su inefable cúmulo de cemento lanzaba alaridos mientras el perro se desesperaba por morder una extensión de su propia existencia, que aparentemente se resistía a considerarla como tal. Otro mas que no podía ni con el mismo.
Cada cosa en su lugar. Ordenemos engorrosamente, es el postulado sostenido a rajatabla.
Sin embargo tengo la impresión que todo orden es ficticio, por que supone un esfuerzo, un hecho que lo genere. Si todo seria fluir majestuosamente el bodrio nos taparía, pero pretendemos ser mas cautos y ordenamos. Y el orden queda peor, cuando es forzado.
Hay personas que naturalmente estructuran armoniosamente, pero otras, como la tana y yo, no. Tiramos, reiteramos, desaforados intentamos apilar, clasificar, pero es peor. Por que se le nota al orden que en realidad es fascismo, que es una perversa muestra de represión. Toda arquitectura no es represiva, pero si, si se construye como queriendo ser lo que no es. Un palacio en el medio de la villa.
Otra cara de la misma moneda es el estudio de las reglas del orden, como si estas no fueran tambien artificiosas o dictadas por un dudoso esnobismo disfrazado a través de cánones y decálogos. Otra imposición basada en la jactancia de pertenecer a un tipo de práctica solidamente constituida y cimentada en consistentes conocimientos, que en realidad difícilmente lo sean.
La verdad todo esto es asqueroso. Tanta ampulosidad meditada y represiva me causa empacho y nauseas.
Las tasas se enturbian, el te pierde sabor.
Hace algún tiempo, salvo en esporádicas ocasiones, las dos pibas se pusieron con respecto a mí en un pie de igualdad. Es por ello que las charlas que acompañaron los últimos tes cambiaron de interlocutores. Pero ya no era lo mismo, por que no correspondía que yo este en esa casa. Aparte la tana ya casi ni estaba.
Me contaron que las hermanas rigurosamente etiquetadas revolotean y la sociedad y su instinto las trastornan para quedar siempre al borde del ridículo y lo infausto.
Tambien comentan o imagino que a la tana el discurso le sabe un tanto grande y sus gritos ya no asustan debido a que el destierro se torno una verdad inexpugnable para una de las niñas.
La tana sola sigue gritando, etiquetando, prohibiendo a la vida que se desenvuelva como más le place, agobiándola con jirones y entredichos.
Total, la tana tendría que entender, que su carácter se torna aborrecible cuando quiere amortiguar los golpes impúdicos que la vida le propina a las dos pibas.
Total yo tendría que entender que ya no estoy y al te igual lo siguen tomando y los sábados siguen desfilando nerviosos comensales que se sienten halagados.
Pero la tana esta tan sola... Tan sola esta la tana…
" Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo".
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