Concluyo toda suposición o razonamiento en un desmedido escepticismo. Pero no tengo mas para ofrecerte que mi fracaso. No tengo nada que te aquiete, no poseo eso que hace que te aferre a mi cintura. Es posible que mi hombro no este cuando lo necesites. Ni tampoco que mis ánimos permitan que cobije tus dudas, que diseque tus miedos; por el solo echo de no querer saber nada con preguntas o diálogos engorrosos. No soy paciente, ni cálido. Tengo tantos ni, y no, que ya me ahogo y te ahogaras tu también si decides acompañarme. Mal que me pese, el futuro perdió la consistencia por el solo echo de saber que estoy vació y nada tengo.
Solo serán días magníficos los arrancados a tirones de los pelos y con algún que otro estupefaciente encima. Pero este ciclotímico no se atreve, a querer verte envejecer al lado suyo. Es el miedo a no poder el que demuele, toda fascinación de tu mirada, toda esperanza de un futuro entre tus piernas. Son la perplejidad y el descontento, los enemigos de esa tarde, que aun no vivimos de la mano. Entre sacudones podré darte, algún que otro obsequio de ternura, algo que te plazca y sobre todo, uno solo y de un gran golpe para que nunca mas lo olvides.
Pero no es la idea que me arranques, esa vida que me rehuso a darte. Pretendo evitar un trauma, desalojar de contradicciones a nuestro besos y el único modo que encuentro, es que cuando este día junto a ti termine, yo al final me vaya.
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