18/12/08

ELOGIO DE LA QUEJA

                                                                                                                                                                        “Para que se muriera un poco menos de esa muerte hacia atrás que es toda ignorancia de las cosas arrastradas por el tiempo.”  Rayuela, Julio Cortazar.

Y en el tiempo caben las imposiciones de los impostores, del fetichismo sospechoso, de la bohemia escandalosa, del arquetipo presumido pero atónito.  Por no decir, falso  e irresoluto.  En el tiempo caben pro y contras, excesos, sucesos, decesos. Caben actuar sin conseguir, error, ficción, pura coquetería, sobreactuaciones de lo falso, varias cuestiones que no entran, pero que hacen que uno se pierda en esta baulera de locuras, rutinas y palabras.
Morir es dejar de ser, la franca imposibilidad de realizar, convertirse en un no hecho, en la antítesis de acción.  La muerte no consciente es otra cosa, es no cerciorarse de que uno a estado muerto, uno no a echo nada, tan solo se limita a dejar que la marea de la vida lo envuelva y lo impulse, conduciéndole por donde le antoje, por donde la suerte se le da la gana. Es no ser consciente que no vive, es no darse cuenta que te arrastran, que te chupan, que te dicen,  que fuiste apresado por las caprichosas circunstancias. 
Por no encontrarse dentro de lo que uno hace o realiza. Esta por fuera de si como un testigo que contempla como todo le compete, como se implica sin controlar lo que le ocurre. Viendo pasar su vida e intelectualizando lo que ocurre, con conciencia  de estar situado dentro de un frasco que se vuelca y rueda y rueda; y te marea; y de pronto se detiene.
La forma que tengo de advertir que las cosas suceden, es a través de la queja.
Alguno sostienen que la queja guarda algún tipo de relación con el lamento o el sollozo, pero yo no hablo de desolaciones o abatimientos, si no del impulso que supone una muestra de descontento a través de la palabra. Esta queja es una ironía, una caricaturización del tiempo y el espacio y los elementos que lo completan. Esta queja habla del ridículo de ciertos aires elegantes o de lo absurdo de toda la experiencia.
Y a través de ella, me situó en la perspectiva de lo que ocurre, advierto donde estoy parado, que lugar ocupo, en esta sala de ensayos y actuaciones.
En esa exclamación de carencia, error o pura panfletaria, evidencio que algo pasa, que un hacer o circunstancia acontece en su irremediabilidad. Puro sustento de lo real e imperfecto, en el bruto brillo, en el error de pretender ser correctos y ordenados. Cálidos y competentes.  Consecuentemente la queja es saludable por que la urgencia de lo grave que puede por si sola, necesita  ser adecuada a lo que ocurre, exige que no la doten de revestimientos inmediatos o urgentes parches de mixtura. Por que es allí, donde el tiempo se hace trágico, donde la vida pasa sin tenerte en cuenta. Por que es justamente eso, la muerte hacia atrás, la ignorancia de las cosas arrastradas por el tiempo.  Y con ese grito verborragico o la risa sarcástica o la adulación irreverente, te salva de caer en el desplazamiento constante a través de hechos que no te pertenecen.

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