21/1/09

EL PRESIDENTE LECTOR II

Publique la nota de la revista Ñ, titulada EL PRESIDENTE LECTOR, por la agradable sorpresa que me deparo saber que, aquella persona que deberá durante los próximos 4 años gobernar el país que mas influencia tiene sobre el resto del mundo, es un ávido  lector que condujo su vida y su carrera política guiándose por los libros que solía -y suele- leer. Sin embargo, aunque esto sea ya un dato en si mismo por todo lo que implica, me produce también una cierta esperanza, algún tipo de ilusión, por que me da de pensar, seguramente no sin ingenuidad, que resultaría sumamente difícil, o mejor, seria menos probable que una persona  cometa algún acto mal intencionado,  luego de haberse formado leyendo a los clásicos y a diversas obras filosóficas. No quiero entrar con esto en una suerte de despotismo ilustrado, ya que no considero que la hombría de bien y el honor sean directamente proporcionales a la cantidad de libros que uno se debora a lo largo de la vida, pero si permitanme decirles que se nota, y para bien, cuando alguien tiene unos cuantos libros encima. Insisto en que numerosísimos son los casos en que la erudición acompaña a almas despiadadas y despóticas, lo que no implica desestimar la terrible importancia que tiene el grado cultural que un individuo posee. Michael Foucault sostuvo mas de una vez, que un libro para el es como una caja de herramientas, de la cual se vale de la que precisa en un momento dado y lógicamente desecha otras. Según la nota del New York Times, el ex senador demócrata, ha optado hacer de la lectura, no solo un elemento del cual valerse a la hora de tomar decisiones sino también, un refugio y un medio para construir su identidad. Amplia son las destrezas que Obama posee como orador y comunicador, incluso afirman los expertos que su uso del lenguaje es excepcional hasta al punto de lograr contextualizar situaciones e ideas por demás de complejas. Deseo con todas mis fuerzas que este atributo coincida con su capacidad de gestión pero fundamentalmente que este acompañado de una gran dosis de coraje y una suerte de rebeldía, para poder así plasmar lo que habla y realizar lejos de un plano teórico todo lo que desoladora realidad demanda. Otra cuestión que engendra una cuota de optimismo, supongo que como a todos y por ende no es novedad, pero vale la pena repetirlo, es el origen étnico del flamante presidente de los EUA. No es posible desestimar su color de piel, por la realidad histórica que envuelve a los afroamericanos, el pasado retorna en Obama y se inclina para el lado flaco y desprotegido de la sociedad. Su figura impacta y moviliza, y mas aun, sensibiliza y logra entusiasmar. Pero no todo lo que desborda de esperanza se concreta, no todo símbolo concreta lo que insinúa y no todos plasman sus ideas.

Como puede advertirse  no descarto la posibilidad de que me haya abordado un optimismo injustificado, y a final de cuentas el gobierno de Barack Obama, solo sea un sueño adornado de grandes frases y simbología dotada de una gran carga emotiva. No puedo dejar de ver la semejanza, en la asunción del mandatario estadounidense, con la de un país que logra de salir de una dictadura o de un periodo oscuro y terriblemente trágico. Pintorescos  actos populares, discursos encendidos y un sin fin de realizaciones  intentan enunciar el comienzo de una nueva era y la materializaron de un anhelo postergado por el cual lucharon generaciones enteras de personas; pero hay que ser precavido ya que eso puede agotarse en el mero gesto, en el distanciamiento puramente discursivo que no logra sobrepasar las imposiciones que sometieron durante siglos a millones de personas. Dado el actual orden de cosas y la forma en como se desarrollan los hechos, es inevitable alternar entre el del derroche de optimismo y una visión irremediablemente trágica, por que cualquier titubeo o muestras de medias tintas, evidenciara que no es quien tiene el mando quien gobierna, demostrando una vez mas que los cambios coyunturales son inevitablemente utópicos.  No queda mas que desear suerte al mandato que comienza y esperar que las esperanzas que se depositaron en la figura de Barack Obama, se correspondan en la realidad.

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