3/2/09

NI EN PLENO CONTENTO PRECARIO, NI EN PLENA FALSA TREGUA.





3 DE FEBRERO DE 2009. -Post dedicado a Anahi en el día de su cumpleaños-



Con este breve ensayo no pretendo salir en defensa de ningún tipo de Holgazanería, no busco tampoco mostrarme como un señoriíto satisfecho, un bruto irreverente o portando un primitivismo subversivo. Decir que se encuadra dentro mis alucinaciones con respecto a la identidad, no es errar en demasía, aunque seré un poco mas autocomplaciente y lo atribuiré a ciertas inquietudes que me asaltan en un periodo determinado, y por ende transitorio, de mi vida. Dicho esto más de uno podrá pensar que estoy terriblemente obsesionado con la formación de la identidad y aunque no se si puedo afirmar que mi nivel de preocupación con respecto a la conformación de la existencia puede ser catalogada como obsesiva, si puedo decir que últimamente la lectura de las obras de varios filósofos me han permitido cerciorarme que la mayoría de estos compartían su inquietud por lo que ellos llamaban la cuestión del “sujeto”. Por razones obvias no me esforzare por entrar en la contienda dialéctica que intenta establecer con precisión que es esa cosa misteriosa que a muchos se les ocurrió denominar “ser”. Más allá que el tema fue abordado por estos con las complejidades filosóficas respectivas, eso no implica que a muchos de nosotros nos asalten a lo largo de nuestras vidas las mismas inquietudes. La literatura también se ha esforzado por retratar a personas y al modo en que estas se desarrollan y desenvuelven, por lo cual, es ingenuo y torpe aclarar que no puede considerarse ni remotamente que esta haya estado ajena a la problemáticas de las personas. Algo que ha sido recurrente, tanto en los enfoques literarios como en los filosóficos, fue plantear la interacción entre el hombre y sus circunstancias. Es decir aquellas situaciones que hacen que uno se hagan de una forma y no de otra, haciendo mención a las circunstancias no como meros obstáculos, entredichos o carencias que se suscitan a lo largo de la vida, si no como verdaderos formadores de identidad. Otros autores han hablado de las circunstancias, pero entendiendo por esta acepción meros ingredientes a derrotar, en realidad lo que cambia entre uno u otros es la preponderancia que le otorgan a esta particular fenómeno. En suma, casi no hubo filósofo, pensador o escritor que no se hubiese mostrado consternado o escandalizado por las contingencias que repercuten en las personas. Aceptar que la circunstancia es todo, es casi como admitir que existe un destino irremediable, lo contrario es también lo bastante pobre como para sonar inverosímil.


Hay un punto en común de análisis, sin perjuicio del lugar que ocupen y es el de tratar de establecer con precisión que es eso de "Hacerse" en virtud de lo que lo rodea, de lo que ve desde niño, de lo que escucha, en definitiva del mundo en el que le toco nacer y que confabulo, para que se enderecé y crezca, o no tanto. Si ponemos atención en un punto de opinión, no es descabellado pensar que los avatares en forma de torbellinos, tormentas y tempestades que azotan el breve y frágil acontecer de un simple mortal pueden causar efectos irreversibles. Desde otro, el foco se torna mas nebuloso y uno no puede aventurar que será irreversible las secuelas generadas por un suceso que arremete contra un hombre.


“Lo que no mata te hace extraño”, susurra el estremecedor guasón interpretado por el recientemente fallecido Heat Ledger, en su primera escena, haciendo añicos el refrán popular que predica que “lo que no mata fortalece”. En este caso, según el guasón, las circunstancias definitivamente “te hacen” y no constituyen meros entreveros, como sostienen unos cuantos.


En este sentido se expreso Marx y a pesar que se lo recuerde como un autor que solo abordo problemas políticos y económicos, fue ante todo un filosofo y como tal, también estaba preocupado por saber que era la persona. Según Marx la persona era ante todo sus condiciones materiales, las circunstancias marxianas estaban dadas por el mundo material en el cual una persona crecía y llevaba a cabo su vida. Jornadas laborales, salarios, precariedad, alineación y todos los adornos respectivos, religiosos e ideológicos, estaban creados, según Marx, para mantener a la prole lejos de lo que debería ser su verdadera preocupación, la apropiación de los medios de producción. Según los filósofos, y los que no lo son pero entienden de filosofía, el hombre actual es el sujeto cartesiano, proclamado y definido por Descartes, aquel que se hizo famoso por su método y cuya ideología triunfo y se impuso en la revolución francesa. Es el hombre racional, consciente, normal el que triunfa desde 1789 ha esta parte, la burguesía según los doctrinarios marxistas se ha impuesto y solo será posible derrocarla por medio de una revolución violenta que instaure un nuevo régimen, la dictadura del proletariado. Marx planteaba la necesidad de un nuevo régimen económico, dadas las condiciones laborales de aquella época es probable que estuviera horrorizado y desde ese horror filosofó y divulgó para que se tome conciencia, “hay que concientizar a la prole” podríamos constituir como su máxima. No quiero entrar en las motivaciones de cada autor, pero el lugar ocupado por Marx, no era básicamente el mismo desde el cual Borges hacia partir su obra, es que el escritor argentino siempre se encargo de recalcar que lo que a él lo motivo a escribir fue el asombro, o sea la perplejidad. A Marx fue la injusticia, el escándalo, el dolor. No fue el único indignado, por supuesto, pero si uno de los que puso en consideración temas que antes no lo estaban.


Desde la literatura, teniendo en cuenta el mundo, entendiendo a esta como lo que rodea, mortifica y retumba en una vida para hacerla que se haga de una forma sujeta a moldes y sujeciones, fue Cortazar un referente a la hora de hablar de las coacciones cotidianas. Por ejemplo en Rayuela, le hace pensar en voz alta a Olivera, lo siguiente.


Era porteño, era clase media, era colegio nacional, y esas no son cosas que se arreglan fácilmente.


En otra cavilación propia del entrañable olivera, Cortazar nos regala el siguiente ejemplo de una vida afectada profundamente por lo que le había tocado, sensibilizada por la dificultad de eludir peripecias tempranas, genéticas y geográficas. Conforme a esto y sin saberlo, olivera tendía a admitir: Que su grupo sanguíneo, la infancia rodeada de tíos majestuosos, unos amores contrariados en la adolescencia y una facilidad para la astenia podían ser factores de primer orden en su cosmovisión.


No tan lejos del modo de explotación capitalista, lo que aborrecía olivera era haberse hecho dentro de estos ámbitos, ligados a modos de ver y de sentir las cosas, no como los que el hubiese querido.


Otro personaje de rayuela mientras conversa con la maga, la querible pareja de Olivera, dice de este lo siguiente.


Olivera es Patológicamente sensible a la imposición de lo que lo rodea. De lo que le ha tocado en suerte. En una palabra, le revienta la circunstancia. Más brevemente le duele el mundo.


Mas simplemente podría agregar yo, no soporta el ámbito, constituido por terceros y contextos, con el que tiene que lidiar y lo privan o pretenden privarlo de elegir libremente. Tener que discurrir en una mesa moralista, sonreír para las fotos, silencios oportunos o atemperar ánimos para no incurrir en prácticas poco útiles, no son cosas que este señor irascible les pueden resultar simpáticas. Conducir por el sendero de la normalidad, a él justo a el le vienen con eso, que el desorden le parecía una disciplina necesaria, pero se abstenía de planteárselo a la maga por que un elogio del desorden la hubiera escandalizado tanto como su renuncia. Es que la maga era bastante particular, “su testigo y su espía” según olivera, y por ello no era posible plantarle la realidad en términos metodológicos.


Hablando de convencionalismos, aunque no quiera entrar en esto por que tendríamos para rato, sabina en su canción contigo, retrata con maestría, el legado de rayuela. El bidet convertido en biblioteca y el miedo de Joaquín de que la rutina lo ahogue, de que le llegue a la barbilla el agua, y se muera su rebelión diaria por no contemplar noches ni mañanas a sabiendas. Es reacio al ahorro y a las dietas, a la acuciante disciplina del amor a la que los tontos se someten, entonces no quiere, se niega, mas claramente, se rehúsa, a envejecer lleno de imposiciones y aniversarios engorrosos. Ya me fui por la tangente, pero en breve retomare el tema que venia tratando, para no divagar, para no caer en el ingobernable deseo de hacer de este ensayo, una breve panfletaria que se queja de todo y de todos.


Como venia diciendo al hablar de libertad y condicionantes, es decir sobre la elección y circunstancias, la filosofía para desentramar las cuestiones que ejercen coerción sobre el individuo debió verse las caras con lo que se denomina poder, aunque le pese, por que quien puede condicionar a otro o contenerlo para que no haga tal o cual cosa, debe ser inexorablemente portador de un mandato o poder.¿ Que es el poder?. ¿Quien lo posee? ¿Como se utiliza y para que?. Abordado generalmente desde planos jurídicos, entendido a este como soberanía o mandato, Foucault abandono esta tradición y lo retomo como algo variable, invisible, inclasificable. Y fue mas allá diciendo que el poder, o mas bien el poder disciplinario, es el encargado de imponer una cierta subjetividad reinante. Según este nos encontramos en la sociedad de la normalización, pero como abordarlo llevaría demasiado tiempo, no abundare en mas detalles.


Sartre relativizó la cuestión del poder, aunque era marxista, le dio primacía a la elección, esto puede verse claramente en una de sus frases mas celebres con la cual inicia su prólogo a los condenados de la tierra, “No somos terrones de arcilla, lo importante no es lo que hicieron de nosotros, si no lo que nosotros hacemos de lo que hicieron de nosotros”. Refutado por Simone de Beauvoir su pareja a lo largo de toda su vida, feminista, e intelectual al igual que el, debió reconocer que esa mezcla entre marxismo y existencialismo, lo había conducido a realizar una sobreestimación del poder de la elección.


Lejos de Sartre, ideológica, conceptual y en cuanto a posturas y conductas, se situó José Ortega y Gasset, sin embargo, el filósofo español, no fue reacio a la hora de considerar el papel preponderante de la circunstancia, aunque claramente siempre la coloco detrás de la elección. La vida, que es, ante todo, lo que podemos ser, vida posible, es también, y por lo mismo, decidir entre las posibilidades lo que en efecto vamos a ser. Circunstancia y decisión son los dos elementos radicales de que se compone la vida. La circunstancias –las posibilidades- es lo que de nuestra vida nos es dado e impuesto. Ello constituye lo que llamamos mundo. Nuestro mundo es la dimensión de fatalidad que integra nuestra vida. La vida – el mundo- nos impone varias trayectorias, y consecuentemente nos fuerza a elegir. Vivir es sentirse fatalmente forzado a obligado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo. Lo que define es el carácter.


No quiero que suene desalentador, pero quizás Gasset no se preocupo demasiado en determinar que es esto lo que el llama “carácter”, realmente es un desafió agradable y una invitación al esfuerzo y al trabajo para enriquecer la vida, el pensamiento de Ortega y Gasset, pero, o por lo menos esa es la sensación que me queda, peca de ingenuo. Decir que lo que define es solo el carácter, es desdeñar múltiples factores, terribles circunstancias, inadmisibles imposiciones y como dije antes, a pesar de que no quiero hacer una queja sistemática con este ensayo, tampoco quiero caer en un canto a la esperanza. Hay circunstancias rebatibles, voces que pueden y merecen que les contestemos, bocas que hablan que piden ser recusadas, es decir, hay situaciones que nos otorgan un margen de acción, un mínimo de libertad, no solo como consuelo si no como posibilidad cierta de elección, pero hay otras que no. Durante la niñes y la adolescencia, se definen el carácter en virtud de múltiples factores, por lo cual resulta obsceno desconocer estas particularidades.


El mundo puede tornarse irremediable, las posibilidades traumáticas y las estadísticas una triste verdad. Incluso hasta hay factores que inciden en la formación de un carácter, de esto nos previno el pensamiento foucaultiano. Hay un poder disciplinario, horizontal, invisible, que se revela y se esconde, que moldea cuerpos dóciles y libera a almas dotadas de pesadez y poco entusiasmo. Es cierto que allí donde hay poder, hay resistencia, pero no siempre triunfa el oprimido, no siempre se levanta una conciencia, la mayor parte de las veces los condicionamientos son irremediables y no hay lugar para un grito libertario. Sin animosidad ni maniqueísmo, pretendo que se imponga una cierta cautela, que se unifiquen las fuerzas, para hacer que cada vez exista menos circunstancia y menos sujeciones formativas, para poder afirmar así, que de una vez por todas, solo es el carácter es lo que cuenta.

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