Tristes hombres si no mueren de amores.
Tristes armas si no son las palabras.
Tristes armas si no son las palabras.

Extenuado, luego de releer una y otra vez el librito amarillo la microfísica del poder, de repasar sus entrevistas, de escucharlo en el debate con Chomsky, de acercarme a la librería Yenny para espiar en los libros algún que otro concepto, de desempolvar de mi pobre biblioteca “vigilar y castigar” y “foucault para principiantes”, y de examinar por enésima vez “el nacimiento de la biopolitica”; y ni así lograr establecer en que medida Foucault fue un revolucionario, o encontrar cuales son los datos que indiquen que efectivamente a este intelectual le interesaba la revolución, decidí no volverme mas loco y comentar mas o menos brevemente lo poco que pude entender de su intrincada pero fascinante obra. De este modo me libraría del peso que supone realizar una afirmación, para pasar a efectuar un mero diagnostico por medio del cual cada uno pueda sacar sus propias conclusiones. Sigo pensando que a Foucault si le intereso la revolución, aunque no al estilo violento y bolchevique que era la que plagaba el imaginario colectivo de los 60 y los 70. Decir esto, es vaticinar que buscaba era otro modo de producir cambios radicales en las estructuras y disciplinas sociales. Cambios que a fin de cuentas tambien involucraban al individuo, aunque ya no al modo marxista o freudiano.
Su preocupación se basaba fundamentalmente en el modo en que los sujetos construían su identidad, se realizaban. Pues, lo que le intereso estudiar fueron los métodos y elementos interactuantes por los cuales se conformaba la existencia. Foucault dejo de lado la idea que tan solo los modos de producción sean los encargados de realizar un tipo de individuo, el estaba convencido que los mecanismos del poder, poder entendido como sometimiento, eran los responsables de que la gente, es decir la sociedad se haga de un modo y no de otro. Sin embargo el poder al que hacia mención no era el de los aparatos del estado, si no el de los aparatos de disciplinamientos como la cárcel o el manicomnio entre otros, y tambien a los saberes en tanto productores de verdad , entendida a esta como una invención bajo la cual se coacciona y somete. Foucault era profundamente meticuloso y detallista lo cual lo llevo realizar un análisis del poder y de la verdad, verdaderamente extenso. Al contrario de lo que se cree lo que verdaderamente le importaba a Foucault era el sujeto, pero para ello debió realizar un investigación minuciosa del poder para explicar de que manera, a través de que mecanismos, con que intensidad y con que objetivos o no, las relaciones de poder se insertaban en el individuo y determinaban la construcción de su identidad.
Foucault se refiere al poder en una de sus charlas de este modo,
No se sabe quizás que es el poder. Y marx y Freud no son quizás suficientes para ayudarnos a conocer esta cosa tan enigmática, a la vez visible e invisible, presente y oculta, investida en todas partes, que se llama poder
Dice tambien sobre el poder que "Nadie es titular de el pero se ejerce siempre en una determinada dirección"
Con respecto a la relación de verdad y poder, no fue menos explicito y en una de sus charlas en el college de France sentencio lo siguiente: Estamos sometidos a la producción de la verdad desde el poder y no podemos ejercitar el poder mas que a través de la producción de la verdad”.
“Después de todo somos juzgados, condenados, clasificados, obligados a competir, destinados a vivir de un cierto modo o a morir en función de discursos verdaderos que conllevan efectos específicos de poder”.
Estas palabras me generan una doble impresión, la primera es que suenan rotundas, su elocuencia, como pocas, se ocupaba de dar cuenta de las cosas hasta su último detalle, pero es desalentador, y esta es la segunda impresión, que la mayoría de sus conceptos sean terriblemente complejos.
Hechas las aclaraciones pertinentes en cuanto a lo que genera, o creo que puede generar la lectura de las obras del autor francés, proseguiré diciendo que sus convicciones, sobre el poder y la verdad, en tanto productores de sujebtividad, lo obligaron a realizar tratados sobre la locura, el confinamiento y el encierro, como lo fue la tesis que le permitió graduarse en la escuela normal superior, a la cual llamo La historia de la locura en la era clásica; sobre la delincuencia y la criminología en “Vigilar y Castigar”; la psiquiatría y por ende la medicina; la economía política; y todas aquellas disciplinas que produzcan verdades que tengan incidencia sobre el modo de vida de las personas.
Al referirse al poder que ellas conllevan lo denomino “Poder Disciplinario”, y con respecto a las disciplinas en particular decía lo siguiente: Las disciplinas tienen su discurso. Son por las razones que decía antes, creadoras de aparatos de saber y de múltiples dominaciones de conocimientos. Son extraordinariamente inventivas en el orden de los aparatos que forman saber y conocimientos. Las disciplinas son portadoras de un discurso pero no puede ser el del derecho; el discurso de las disciplinas es extraño a la ley, al de la regla efecto de la voluntad soberana*. Las disciplinas conllevaran un discurso que no será el de la ley si no el de la normalización, se referirán a un horizonte teórico que no serán las construcciones del derecho, sino el campo de las ciencias humanas, y su jurisprudencia será la de un saber clínico.
Las ciencias del comportamiento humano no se anexionan al avance y desarrollo de las ciencias exactas, el proceso que ha hecho posiblemente el discurso de la las ciencias humanas, es la yuxtaposición de dos discursos totalmente heterogéneos: Por un lado la organización del derecho en torno a la soberanía y por el otro la mecánica de las sujeciones ejercidas por las disciplinas.
Y que en nuestros días el poder se ejerza a través de este derecho y de estas técnicas, que estas técnicas y discursos invadan al derecho, que los procesos de normalización colonicen cada día mas a los de la ley, todo esto, creo que puede explicar el funcionamiento global de lo que querría llamar la sociedad de la normalización.
Asistimos a la imposición de una moral clínica y normalizarte, el limite bien-mal, se establece entre lo normal y lo anormal, los modelos de se sujetan a un régimen de vida condicionado por el saber científico, pero por el saber medico fundamentalmente. El drogadicto ya no es delincuente, hoy es un enfermo. La cárcel no es una venganza, ni una recomposición social por el daño ocasionado, ni la reprimenda del soberano a aquel que ha avasallado los límites impuestos por la ley, hoy por hoy es la correccional, en tanto, corrige, reforma, re socializa, intenta hacer del delincuente un ser normal que encaje dentro de los parámetros de la sociedad. La composición de la existencia condicionada por este tipo de verdades, es lo que escandalizaba a foucault y contra la cual procuro luchar a lo largo de toda su vida. Verdaderamente estos análisis, estos diagnósticos y los métodos de luchas propuestos por el intelectual francés para derrotar las imposiciones del poder disciplinario son verdaderamente revolucionarios y extremadamente reveladores. Quien dude de ello, no quiere tomar a foucault por lo que fue, y lo juzga, en virtud de mascaras que pretendían portar una verdad inexpugnable que en realidad estaba lejos de serla. Foucault se contrapuso al intelectual universal cuya figura paradigmática era Jean Paúl Satrtre, El papel del intelectual no es el de situarse “un poco al avance o un poco al margen para decir la muda verdad de todos, es luchar contra las formas de poder allí donde este es a la vez el objeto y el instrumento (…)
En este sentido la teoría es una practica que lucha no por una toma de conciencia, si no por la infiltración y la toma del poder
Este papel de intelectual específico era una estrategia de lucha que tenía su origen en el cambio de funcionamiento que había experimentado el poder a través de la tecnificación de las instituciones por medio de las cuales se ejercía.
Leer a Foucault es ante todo un desafió, una invitación a encontrar nuevas teorías y nuevos modos de observar la sociedad y sus funcionamientos. Foucault te implica, te hace participe, y por ende te turba, te trastorna, por que da fe y acusa, se levanta, se endereza y habla con franqueza. Hoy por hoy, con eso basta para causar estremecimiento e indignación, decir sin condicionantes, hablar sin podredumbre, sin lengua que se desvanece en el límite impuesto por el oportunismo y las costumbres. Aquí esta lo revolucionario, lo grave y lo importante, de alguien que paso su vida intentando liberarse de las sujeciones que te maniatan y no dejan que uno haga su vida en función de lo que es y siente.
En breve, Michel Foucault Nro. 2: El método. La genealogía.
2 comentarios:
A decir verdad este texto es mi primer acercamiento a Focault. Nunca leí nada de él. Este texto me sirve como puntapié para adquirir en alguna de esas librerías de usados algún texto suyo.
Me parece interesantísimo el balance de los conceptos "verdad" y "poder" y la construcción de ambos.
No se donde escuché que antes el poder lo detentaba quien tenía dinero, y que en lo sucesivo esto iba a cambiar por quien tenga conocimientos. Me gusta esa postura "revolucionaria" de Focault, de partir del conocimiento para desentrañar la realidad y luchar como protagonista dentro de ella para cambiarla.
Muy buen blog, saludos...
un poco de literatura para imaginar a que venimos
CUENTO DE OSVALDO ARDIZZONE
Buenos Aires Sos (BAS).-Marzo 2008.- (Publicado el 24/4/81).
¿Te das cuenta,Juan, la significación que alcanzan algunas fiestas religiosas en nosotros?.- No hay nada que hacer, Juan. La tía Eulalia ya empieza a preguntar los precios del bacalao dos semanas antes. Y el relleno de las empanadas de vigilia...Y el pavo a la manzana para el domingo de Pascuas, más las tortas, los huevos de chocolate para los sobrinos...
¡Qué peso alcanzan las tradiciones en nuestras vidas...! Me acuerdo de mi vida de chiquilín, allá en la Boca...Mi pobre vieja respetaba todo el ritual de la semana, trataba por todos los medios que no pecara violando el menú establecido...
Me llevaba a la parroquia de San Juan Evangelista, que todavía sigue guapeando con su musical campanario que transmitía el eco de sus bronces acariciados por las manos del viejo Don Daniel, a las diez de la mañana del sábado de Gloria. Entonces, con la misma religiosa fidelidad de todos los años, mi vieja me llevaba hasta la pileta de la cocina y me obligaba a lavarme la cara...Y esa ceremonia, Juan, se reproducía en todas las casas de mis vecinos como débiles cómplices de ese místico llamado de las campanas de aquel Don Daniel de las patriarcales y plateadas barbas...
¿No te detuviste a meditar, Juan, en todas esas minúsculas costumbres que concluyen, al cabo, por formar parte de tu vida? Porque era toda la semana de Pascua.
No el pretexto para hacerse "una escapada" a Mar del Plata o a Punta del Este o donde fuere, según la capacidad económica de los eternos turistas y no de todos los comunes asalariados que vos y yo, Juan, conocemos.
Era la respetuosa conmemoración del gran acontecimiento -tal vez el mayor- de la humanidad.
El cine Olimpia en una matinee sin tanto bullicio como cuando las películas de Tom Mix o Chaplin...¿Vas a ver La Pasión, Pedrito? ¿Vos también, Manolo? Y nos ibamos en barra, con los veinte guitas jugueteando en el bolsillo para la entrada y alguna que otra chirola para un chocolatín...¿Sabés quien era el caramelero,Juan? El Charro Moreno...¡Bah...! En ese tiempo era José, que vivía a un par de cuadras de mi casa...¡Caramelos,chocolatines,pastillas de mente! -era el pregón de José...Pero, como tenía la voz aflautada, todos los atorrantes lo cargaban imitándolo...Hasta que José empezaba a las piñas en medio de la oscuridad.
Hasta que empezaba La Pasión....Entonces, a todos hasta a los más terrajas, les cazaba la pálida, como dicen lo pibes de ahora...Gritábamos cuando ese Herodes mandaba a los soldados romanos a cortarle la cabeza a los pibes recién nacidos...¡Y la bronca que le tomábamos a ese Pilatos que se lavaba las manos en vez de ayudarlo a Jesucristo! ¡Y ese Judas cuando lo traiciona con un beso al Maestro...! Lloraba, Juan, te juro que lloraba, igual que Pedrito, que Manolo, que la mayoría de los pibes...Cuando llegan al Gólgota...Cuando le clavan la pica...
¿Sabés, Juan, que era para mí Jesucristo, entonces? El muchacho de las películas de aventura...Ese que yo, que todos los pibes queríamos que ganara, que los pise a todos, que no perdonara a nadie...¿Hay que perdonar, Juan? Sí, porque si no sos capaz de perdonar, tampoco sos capaz de querer. Y si no sos capaz de querer no das nada...
Pero, después empezás a crecer junto con la vida...Y entonces te los vas encontrando a todos, a los buenos y a los bandidos. A Herodes, a Pilatos, a Caifas, a Barrabás, a Judas, a San Francisco, a San Juan Bautista, a Magdalena...¿Te das cuenta, Juan? De a poco ves que ganan los fuleros que amasijando el último cacho de candor con tanta injusticia, con tanto atropello, con tanto Herodes, con tanto Pilatos, con tantos mercaderes, con tantos fariseos, con tantos adulones de los césares, así, con minúsculas, Juan.
Y, entonces, te preguntás....¿qué vine a hacer yo aqui, a este planeta? A pasarla bien, a hacerme el otario, a tirarle una piedra más a la pobre Magdalena, a alcanzarle la jofaina, el jabón y la toalla a tanto Pilatos que andan por ahí lavándose las manos, encogiéndose de hombros, caminando en punta de pie, sentado a la diestra del que gana, en la misma poltrona que usaban los ayuda de cámara en el Coliseo, perpetuándose ese funcionario de gran mérito por los servicios prestados que abre la puerta de la jaula de los leones en la hora sangrienta del circo que humilla la condición humana, mientras deleita la sensualidad enfermia de las favoritas...
¿Qué vinimos a hacer aquí, Juan? Cada vez que llegan estas fechas que me invitan a viajar a mi mundo de candor, de las campanas de Don Daniel, de mi pobre madre obligándome a que me lave la cara a esa hora en que resucitaba ese Hombre, me vuelvo a preguntar...A jugarse, porque si el Padre se hubiese opuesto a la muerte, listo...
¿Sabés a quien aplaudiamos, Juan, en el cine Olimpia, aquel de los años pibes? A José de Arimatea, a ese tipo que en la calle de la amargura, le da una mano al Flaco...¡Mirá, Juan, que le digo Flaco con todo el respeto, con religioso respeto! Pero, el resto, la mayoría se abrió...Como siempre, Juan a como casi siempre...Lo mismo que ahora, Juan, aunque la tía Eulalia siga retándome cada vez que lo digo...
Hay Pilatos, tía, siempre los habrá...Son peores que los soplones, tía, porque, al menos, el ortiva, le digo yo, ya está asumido en su papel...Pero, el que se lava las manos cuando ve que estan amasijando al de al lado, cuando ve que te ganan con la mentira, con la fuerza,con la plata, con el poder, con el verso, con la demagogia, cuando vos ves que pide una jofaina, un jabón una toalla.
Ya hace muchos años, Juan, que no celebro aquellos ritos de mi mundo pibe...Los he perdido como tantas otras cosas que fui incorporando a mis sentimientos, Aunque, a veces, como ahora, me pregunto si no habrá sido en vano que el Flaco se inmolara en el Gólgota ya que el Papá disponía del poder divino para impedirlo.
¿Y mis candorosas lágrimas de mi matinee del Olimpia? ¿Y las siete iglesias llevado por la mano de mi madre? ¿Y las campanas que echaban a volar las manos musicales del viejo Don Daniel a las diez de la mañana del sábado de Gloria anunciando la resurrección del Hombre? ¿Y mi madre lavándome la cara en la pileta de la cocina? ¿Y las empanadas de vigilia, el bacalao a la española, eldomingo de Ramos, la mesa especial del domingo de Pascua, el pavo a la manzana, la torta de crema, el trébol de cuatro hojas elaborado como un amuleto que mi desamparado asombro se encontró en un huevo de chocolate?...No sé si podria volver aquella Pasión con la misma desprevenida ingenuidad....La misma vida, ésta que transito todos los días, me obliga a contemplar los mismos crueles crímenes, las mismas intrigas, los mismos apetitos de poder, las mismas torturas, la misma manera de lavarse las manos, la misma impermeabilidad de ciertos jueces, ante la arbitrariedad de los poderosos...
Juan...la tía Eulalia me pidió que te invitara el domingo...Trae un par de botellas de vino espumante. A la tía le gusta, aunque cada día es más difícil ese tipo de placeres para el paladar...Ella preparó unas empanadas, un pavo a la manzana, una torta de crema. Yo, ahora, me voy a comprar un huevo de Pascua. Esos de chocolate...En una de esas ¿quién te dice que me saco otra vez el trébol de cuatro hojas como cuando era pibe? Tréla a la Olga, al Carlitos y a la novia...!
¡Si al menos todo esto, Juan, sirviera para que esto componga un poco! Chau, Juan, chau. Felices Pascuas a todos...Se dice así ¿no, Roberto Benedetto? ¡Y vos que andás sin laburo, con tu nena y tus veinticinco años...!
Publicar un comentario